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REVISTA VIRTUAL


¿POR QUÉ CADA VEZ HAY MÁS CASOS DE ANGUSTIA, DEPRESIÓN, ESTRÉS Y CADA DÍA QUE PASA AUMENTAN LOS CONSUMOS DE ALCOHOL, ESTIMULANTES Y DROGAS?

Por Javier Di Vito ®


Yo creo que en esta época al haber más gente, más superpoblación parecería que hay más de todo…pero la realidad es que hay más presiones y según como las personas enfrentan esas presiones revelan su grado de madurez espiritual. La angustia, el dolor, el sufrimiento y la evasiva de alejarse de la realidad, han sido una constante en la historia de la raza humana, por lo menos como dinámica para enfrentar la vida.
Tenemos mejores autos, la tecnología moderna nos ha brindado un nivel de confort y comodidad jamás soñado, la ciencia ha hecho descubrimientos científicos fabulosos, pero la angustia, los estados depresivos, la falta de motivación personal, la falta de alegría y los comportamientos destructivos hacia uno mismo son, a mi juicio algo cultural e histórico. El sentir un día angustia, un bajón emocional, un momento de aceleramiento o una caída anímica es algo natural, de hecho somos humanos, somos seres emocionales y vivimos en un mundo que es cambiante y que pasan cosas, el ambiente genera cada vez más presiones y no podemos lograr que todo sea ideal; ahora el vivir anestesiados, deprimidos, sin ganas de nada, angustiados, estresados o en el peor de los casos drogados o alcoholizados…eso es para mí una especie de ignorancia.
Hemos heredado esa dinámica de enfrentar la vida, hemos visto a nuestros padres y a nuestros abuelos desesperanzarse cuando algo no cuadraba con sus ideales, ellos han visto a sus propios padres y familiares hacer lo mismo. Apuesto a que ellos han visto más de una vez a sus abuelos o tatarabuelos caer presos de la ira y la confusión cada vez que la vida no era la promesa esperada. Pocas veces hemos tenido modelos en nuestra propia familia y en la sociedad que nos hayan enseñado a manejar inteligentemente todos aquellos estados emocionales negativos y menos aún una situación de crisis. No hemos sido entrenados para ser felices. Hemos sido sobre-entrenados para autodestruirnos. Por supuesto no fue consciente, porque nadie actuó con malicia, todos hemos repetido modelos…pero todos somos responsables de que esos comportamientos basados en la falta de amor por uno mismo sigan persiguiéndonos como un fantasma.
Todos hemos cooperado –en algún nivel espiritual- a que se extienda todo ese “quantum” negativo por los siglos de los siglos. Y digo que es cultural porque nuestros antepasados no nos han enseñado otras formas de enfrentar los problemas, lógicamente no fue por maldad, sino porque ellos no han conocido otras maneras, nadie les ha hablado del autorrespeto, del amor a sí mismos y de la paz. Fue simplemente ignorancia.

El mundo es una extensión tuya y mía. Cada vez que uno se vuelve consciente de lo que está haciendo en su vida diaria, de lo que piensa, de lo que siente, de la forma en que reacciona ante los retos y de los condicionamientos, empieza a ser más consciente.
La auto-observación es siempre el primer paso en el camino del auto-conocimiento. El segundo paso consiste -a mi juicio- en entrenarse de alguna forma para erradicar las antiguas maneras de procesar pensamientos. Dicen que el mejor camino a la locura es hacer siempre lo mismo, entonces yo creo el mejor camino a la cordura es enseñarle a nuestra mente a cambiar, a vivir más meditativamente, a reaccionar de una manera distinta, menos aceleradamente, menos agresivamente.
En cuanto a las drogas, el alcohol y los estimulantes no son más que escapes creados por la misma gente que estaba sufriendo y prefirió anestesiar su sentir en vez de tomar decisiones, en vez de desarrollar una mente lúcida que ante la adversidad reaccione y no se paralice. Pero el problema no está en las drogas, ni en el alcohol, ni en los estimulantes, el problema está en aquella mente negativa que necesita una sustancia exterior para sentirse viva.
Los Orientales no perdieron el tiempo cuando trabajaron en la introspección, ellos llegaron a la conclusión de que cuando el ojo estaba limpio el resultado era la visión, cuando el corazón era puro el resultado era el amor y cuando la mente estaba en calma el resultado era la paz.
Insisto, yo creo que el problema no está en el alcohol, ni en las drogas, ni en las depresiones, ni en la desesperanza…el problema está en nuestra falta de voluntad para cambiar y cortar la raíz que nos ata a todo lo agresivo, compulsivo y mecánico. El mensaje que nos está dando la sociedad con estos comportamientos destructivos es que aún no sabemos amarnos, ni disfrutar este misterio que llamamos vida.


Por Javier Di Vito ®Se autoriza reproducir esta nota solo citando la fuente.

 

 

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